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9 Lecciones que me ha enseñado el yoga

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Se oye mucho eso de que el yoga te cambia la vida. Y a priori puede parecer muy exagerado, pero en mi caso el yoga sí que ha jugado un papel esencial en un momento crítico de mi vida y ha marcado fuertemente cómo soy hoy. Por eso hoy quería compartir las lecciones (simples pero muchas veces no evidentes) que me ha enseñado el yoga.

El yoga me ha enseñado muchas cosas sobre mí misma, algo que en ningún momento se me pasó por la cabeza cuando empecé allá por 2015. Nunca pensé que el yoga podría enseñarme nada más allá de estiramientos. Y tampoco JAMÁS pensé que me graduaría como profesora de yoga. Pero así es la vida y aquello que menos esperas puede hacerte cambiar como persona (a mejor). Así que, en mi caso, está claro que ha resultado ser mucho más que un mero ejercicio físico. Veamos las 9 principales lecciones de vida que me ha enseñado el yoga a lo largo de estos años. 

 

La belleza de estar al 100% haciendo lo que estoy haciendo

Hoy en día, parece que lo que está bien visto es ser multi-tasking. Ser muy productivo y hacer cuantas más cosas en menos tiempo, mejor. Sin embargo, al forzarnos a ejecutar sin parar una lista interminable de tareas, ya pensando en los siguientes puntos que cumplir cuando ni siquiera hemos terminado el que tenemos entre manos, día a día, es lo más perjudicial a lo que me he expuesto nunca. 

En yoga, no hay cabida para no estar al 100% en lo que haces. Fluyendo en tus movimientos conforme suceden, con la mente puesta al 100% en tu cuerpo y en cómo debe moverse, cómo se siente cada postura. Sin pensar en las muchas posturas que quedan, o lo que tienes que hacer después. Si desconectas, simplemente, te caes, te pierdes, y adiós.

Así que PARA. Siente lo que haces. Date al 100% en lo que estás haciendo, y hazlo al ritmo que te resulte placentero.  Porque más valen 2 cosas hechas al 100%, disfrutadas, que 20 cosas hechas en piloto automático y con la mente puesta en el estrés o la angustia. 

 

Ahora, todo va bien

Mírate ahora mismo, leyendo esto. ¿Cómo estás? ¿Alguno de tus problemas está presente en este mismo instante? Probablemente en el 90% de los casos, no. Entonces, ¿dónde están esos problemas? Probablemente, una vez más, en el 90% de los casos, estén en el pasado o en el futuro. Pero, ahora… todo va bien 🙃

Vale, puede parecer una obviedad, pero entender esto me ha ayudado enormemente a sobrellevar mis problemas y, sobre todo, mi ansiedad ante los problemas. Porque incluso cuando algo no va bien ahora mismo (como sucede cuando se sufre de un episodio de ansiedad), relacionarme con eso que me hace sentir mal, escucharlo y analizar qué y cómo me hace sentir, me ayuda a dejar de verlo como algo contra lo que combatir. 

 

Dejar ir

La respiración durante las posturas es una parte esencial del yoga ya que, entre otras cosas, ayuda a liberar nuestro cuerpo de tensiones. Si durante una postura cuesta mantener la respiración, probablemente sea porque estás forzando, por lo que hay que bajar la intensidad y dejar ir esa tensión con la ayuda de la respiración. También la apertura de músculos y articulaciones durante las posturas ayuda a dejar ir las tensiones físicas y emocionales acumuladas.

En mi caso, siempre he sido una persona, digamos, conservadora. Nunca me han gustado mucho los cambios y, generalmente, los grandes cambios de mi vida han sido por un arranque de impulsividad. Una vez que algo entraba en mi vida, me resultaba difícil tomar la decisión de dejarlo ir, incluso cuando ya no me hacía sentir bien. Afortunadamente, esto ha ido cambiado y poco a poco y con más o menos pesar, estoy aprendiendo a soltar situaciones y relaciones tóxicas.

 

Mi respiración controla mi mente 

Trabajar mi respiración también me ha ayudado a entender mejor mi relación con ella. Esta observación comenzó mucho antes del yoga, cuando tras mis primeras crisis de ansiedad a los 16 años, comencé a experimentar los efectos de la hiperventilación sobre el cuerpo y la mente (spoiler: son lo peor). 

Tras mi formación como profesora de yoga, la escucha y control de mi respiración se ha perfeccionado muchísimo. He podido comprobar cómo una respiración corta y rápida acelera la mente; una respiración pausada, la tranquiliza e incluso la deja en blanco al incluir unos segundos de apnea. ¿Mi consejo? Experimenta y comprueba los efectos en ti mismo 😊

 

Quererme no es malo 

Creo que querernos más a nosotras mismas es una lección pendiente para muchas mujeres. Muchas veces, acabamos haciendo cosas que no nos resultan agradables física o psicológicamente para encajar con los patrones en los que creemos que debemos encajar. Y yo no voy a decir que haya superado este tema, porque no es así, pero sí que gracias al concepto de Ahimsa (no violencia) he aplicado en mi vida diferentes prácticas que me han ayudado a visibilizar comportamientos a reducir. Por ejemplo, intentar superar ideas tan arraigadas como que dedicarme tiempo a mí misma y a cuidar mi físico es vanidoso, que hacer aquello que me produce placer demasiado a menudo es consentimiento e indulgencia, que estoy más fea sin maquillaje, etc. Menos auto-sabotaje. Más auto-amor.

 

Reducir el ritmo no es ser vaga

Durante mucho tiempo, he sentido que tomarme tiempo para mí es una pérdida de tiempo. Tantos años enfocada y animada a producir cosas han hecho que siempre descuide otras cuyo resultado no es tan tangible. Principalmente, descansar y, de vez en cuando, cuando me lo pide el cuerpo, primar esos hobbies que me hacen feliz a determinadas obligaciones auto-impuestas.

Por eso, otra de las lecciones de Ahimsa ha sido la de no ejercer violencia contra mí misma ignorando mis necesidades. Escucharme a mí misma y no forzar, ni en yoga ni en la vida.

 

No hay una sola forma de hacer las cosas bien

En las posturas de yoga, siempre hay una meta. Tiende a creese que esa meta es la forma externa que todos nos empeñamos en imitar. Sin embargo, la meta va más allá de un aspecto formal. El objetivo de cada postura está en trabajar músculos, articulaciones, fascia, órganos y, por qué no, sentimientos. De ahí que cada asana tenga decenas de adaptaciones que hacen un poco más accesible ese objetivo. Es decir, puede que el asana que estás haciendo tenga un aspecto bastante diferente de esa forma idealizada a la que no puedes llegar por tu condición física, no obstante, sólo por el hecho de estar haciéndola, ya estás en la meta.

Muchas veces, en la vida, nos empeñamos en que las cosas tienen que ser de una determinada manera. Y nos frustramos cuando en nuestra vida no suceden así, o no somos capaces de realizarlas así, ya sea porque no sabemos, no podemos, no nos gusta o, simplemente, no queremos. Cada aspecto de la vida tiene su meta, ¿estás seguro de que sabes cuál es?

 

Actuar más en consecuencia a mis sentimientos y sensaciones 

Los asanas tienen un efecto psicológico muy potente. Yo personalmente me siento muy diferente con el Triángulo (Trikonasana) y en la Pinza de pie (Uttanasana), por dar un ejemplo. No es casualidad. En el triángulo, se trabaja la apertura de cadera, la zona donde según la tradición yóguica se almacenan los sentimientos. Al abrir las caderas, se deja vía libre para que todo aquello salga. Si a eso juntamos el estiramiento de los costados, los cuales se asocian al estrés, es un torrente de sentimientos y sensaciones muy potente y, en mi caso, desagradable. Al contrario, en la Pinza, recoges la caja torácica, asociada al estado de ánimo, por lo que la sensación de aceptación y tranquilidad es clara. 

El yoga me ha ayudado a identificar aquello que estaba sintiendo en relación a aquello que estaba haciendo. Esto me ha ayudado a empezar a ser más consciente de la disociación sensación-acción cuando ocurre y, por lo tanto, a poder actuar más en consecuencia a mis sentimientos y sensaciones. 

 

No competir 

Para acabar, la parte más dura. En yoga, siempre se hace hincapié en la no competición. Cada persona tiene una práctica individual y diferente, por lo que no tene sentido compararse con los demás. Compararse es una forma de competir, suavizada, sí, pero igualmente negativa. Al compararte con alguien, te colocas por encima o por debajo de ese alguien. No acabar comparando es muy difícil, sobre todo en un mundo en el que la gente se mide por sus logros. Yo he caído, y sigo cayendo, muchas veces en esa trampa. En la facilidad de ir fijándose en cómo andan los demás en lugar de mirar por donde andas tu propio camino.  Pero, dicen que el primer paso de superar un problema es darse cuenta, no? 😛

 

Cuéntame. ¿Cómo has sentido el poder del yoga en tu vida? ¿Cuáles eran tus expectativas antes de empezar a practicar yoga? ¿Qué lecciones te ha enseñado?

Este post me fue sugerido en Instagram por @elidae. Si tienes algún tema en mente que te gustaría que tratara en el blog, anímate y ¡deja un comentario!

 

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