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3 septiembre, 2018
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Mi experiencia con la cosmética natural casera

Mi experiencia con la cosmética natural | YoguiPrincipiante.com

Las últimas tendencias en sostenibilidad y el afán por una vida sana quizás hayan tenido un importante papel, lo que es innegable que la cosmética natural está de moda. Pero no es oro todo lo que reluce. Hoy os cuento mi experiencia con la cosmética natural hecha en casa. 

 

¿Por qué decidí probar la cosmética natural?

Cuando tenía unos 8 años, empecé a tener problemas de acné. Después de años de lucha, a las 17, por fin empezó a remitir. Para entonces, mi máxima para cuidarme la cara era: muerte a la grasa. Durante unos años, funcionó. Usando exclusivamente un limpiador para pieles grasas y aloe vera a palo seco, mis problemos parecían controlados y a los 20, intenté sustituir mi fiel aloe vera por una crema hidratante “normal”. Los resultados fueron desalentadores. Algunas me dejaban la piel grasa, otras me provocaban granos, otras se me quedaban cortas, luego unas empezaban funcionando y luego ya no… Un desastre.

Poco a poco, mi piel mixta-grasa se fue haciendo cada vez más seca, hasta que llegué a tener verdaderos problemas por la sequedad. Para entonces, yo ya tenía 26 años, y me había iniciado en el mundo del estilo de vida consciente, la aromaterapia y la vuelta a la utilización de productos naturales con menos químicos. Por eso, esta evolución incomprensible de mi cutis junto con la idea de que podría controlar todos los ingredientes que entraban en contacto con piel (y así minimizar los químicos “malos”) fue lo que me hizo probar con la cosmética natural hecha en casa. 

 

Mi experiencia con la cosmética natural

Nadie en mi entorno se había fabricado antes sus propios potingues, así que mi principal fuente de información eran webs de aromaterapia como Vida Naturalia y el desaparecido blog Tantras Urbanos. 

La grandísima mayoría de las recetas que se podían encontrar en estas webs, estaban compuestas de agua destilada, aceite vegetal y aceite esencial. Para una persona con tendencia al acné, ponerse aceite en la cara se ha asociado siempre con muerte y destrucción. Pero no, yo desoí todo eso y me mantuve fiel a los supuestos milagros de la cosmética natural casera, los cuales eran aparentemente muchos. 

Por aquella época, mi rutina facial pasó a componerse de:

  • Un limpiador facial a base de aceite de almendras y jabón de castilla. 
  • Un “sérum” contorno de ojos hecho de más aceite de almendras y aloe vera en gel
  • Un tónico de agua destilada y té verde
  • Una hidratante que era una mezcla de gel de aloe vera, aceite de almendas, manteca de karité y aceite de coco, con aceites esenciales de lavanda y árbol de té. Eso en el mejor de los casos, sino me daba directamente manteca de karité o aceite de almendras. 

Ahora leyendo esto, flipo con los ingredientes que me ponía en la cara. Pero la verdad es que durante un tiempo, ¡todo fue maravillosamente bien! 

Me convertí en toda una integrista de la cosmética natural DIY. Pero algo se torció. Tras un año utilizando únicamente productos fabricados por mí, mi piel cada vez se fue volviendo más sensible, se me ponían las mejillas muy rosadas al ducharme o se me pelaba la cara cuando hacía mucho frío. Mi cutis me pedía más y más hidratación, pero se mantenía hidratado cada vez menos tiempo. Y me empezaron a salir unos granos en la parte inferior de la cara que picaban un montón, pero que no tenían cabeza. 

Durante una visita al dermatólogo, para ver qué podía ser lo que le estaba pasando a mi cutis enfurecido, mis síntomas al parecer respondían a una mezcla de dermatitis seborreica, rosácea y acné. La causa, la identificó claramente: el taponamiento de los poros con la aplicación de aceites había favorecido que dentro de ellos se desarrollaran bacterias, levaduras y demás. Horror máximo. 

 

¿La cosmética natural vale para todo? Mi veredicto

No soy dermatóloga, pero algo innegable es que la piel de la cara es mucho más sensible que la del cuerpo. Especialmente, si eres una de esas personas (como yo) a las que que determinados productos enseguida le van mal. Pero incluso aquella gente cuyo cutis soporta hasta las hidratantes de marca blanca del supermercado, opino que vale la pena cuidar lo que uno se pone en la cara, ya que utilizar productos inadecuados puede desequilibrar nuestra piel, como me pasó a mí. Así que por mucho que ahora se quiera vender que los aceites son lo mejor que te puedes poner en la cara, esta afirmación tiene muchas salvedades. No todos los aceites valen para todas las pieles y hay posibilidades de que usar un aceite inadecuado durante un largo periodo de tiempo dé incluso origen a patologías de la piel. Os lo dice la que una vez fue la mayor defensora de la cosmética natural hecha en casa.

Por otro lado, está el tema de la caducidad de los productos. Los aceites se enrancian, algunos más rápidos que otros y también en función de las condiciones ambientales y de almacenamiento. Por lo que es difícil saber cuál es su fecha de caducidad, sobre todo cuando mezclas varios aceites al hacerte tus propios productos. Así que cuidado.

Sin embargo, creo que no todo es un no rotundo. La piel del cuerpo es diferente, es más resistente y, salvo si se tienen ciertas patologías o casos particulares, se pueden aplicar esporádicamente aceites u otras soluciones vegetales para hidratar o para dar masajes, junto con aceites esenciales. También pueden utilizarse en el pelo, si éste lo acepta, claro está (por ejemplo, si se tiene muy seco).

Por todo ello, y tras mi experiencia, opino que no: La cosmética natural no vale para todo, ni vale para todos. Así que, ante la duda, mi consejo es: acude a un dermatólogo. Para mí, supuso una gran diferencia 😉

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